¿Harto de los octavos? Cambia!
March 25, 2008 on 8:05 am | In Notas y Editoriales, selección nacional | 3 Comments
Por Antonio Rosique
No te dejes llevar por las soluciones fáciles e inmediatas. Reflexiona, analiza, recapitula. Utiliza la memoria. Revisa la historia. Hugo no es el problema del futbol mexicano, sino apenas una parte de él. Lo que nos ocurrió en Carson también nos pasó con Lapuente y Vargas en Hershey; con Lavolpe y la Sub 20 en Honduras; con Chucho Ramírez y la Sub 17 en El Salvador; con Enrique Meza en la Eliminatoria Mundialista; con Aguirre en el Mundial, y así, podemos seguir revisando el pasado. Así que con la salida de Hugo no vendrá, como por arte de magia, el despegue que tú esperas de la Selección Nacional. El problema es mucho más profundo, está en nuestra raíz.
Recuerda, llevamos 16 años apostando por entrenadores hechos en México para dirigir al equipo nacional: Mejía Barón, Bora, Lapuente, Meza, Aguirre, Lavolpe, Hugo, y a lo largo de todo este tiempo los resultados han sido los mismos con la Selección Mayor: 8vos de final en la Copa del Mundo, y segundo o tercer lugar en la Copa América. Nuestros límites están bien claros: ganamos los torneos y las eliminatorias que se disputan en México y nos quedamos en la orilla en las que se juegan fuera. Nos guste o no, esa es nuestra realidad.
Nuestro querido enemigo
March 24, 2008 on 10:41 am | In editoriales, Notas y Editoriales | 7 Comments
Por Antonio Rosique
¿Te imaginas que estaría pasando en este momento si en el futbol mexicano descendiera el último lugar de la tabla general como ocurría en el pasado? Ja! Nos estaríamos divirtiendo muchísimo. Visualiza la situación: nosotros, la Nación Chiva, en primer lugar de la clasificación, gobernando la liga, y ellos, sufriendo, comiéndose las uñas, al borde del abismo de la Primera División “A”. Pero precisamente para casos como el que hoy están ocurriendo, es para lo que se inventó el sistema actual de descenso, el cual suma los puntos de las tres últimas temporadas, en lugar de condenar al peor equipo de la campaña. Con este invento que la Femexfut trajo del futbol argentino, se protege a los clubes grandes de cualquier accidente, algo que por supuesto no ocurre en España, Italia, o en Inglaterra, donde cualquier club, sin importar su poder o jerarquía, puede irse, de un año para el otro, a la segunda división.
Confieso que con tan solo imaginarme la idea, me brota una sonrisa perversa. Me encantaría verlos, a ellos, pasarse un “añito en el infierno”, pero también reconozco que a la larga terminaríamos extrañándolos. ¿Imagínate un año sin Clásico? ¿Con qué nos entretendríamos? Así le pasó por ejemplo al Real Madrid en la campaña 2000-01, cuando el Atlético jugó en segunda división y no hubo derby en la capital española. Recientemente, el futbol italiano vivió otro caso similar. La Juventus de Turín fue castigada por hacer trampa y el club más ganador de la Serie A se pasó un año en la “B”, privando a muchos aficionados de ver los clásicos contra el Milán, el Inter y el Torino.
El domingo de mis sueños
February 7, 2008 on 4:35 pm | In editoriales, Notas y Editoriales, FUTBOL TOTAL | 2 Comments
La Copa del Mundo: una final, un sólo partido. El Super Bowl, el gran domingo de la NFL: un sólo choque que lo define todo. La Champions League: una final en campo neutral, un año se juega en París, otro en Milán, un año en Estambúl, otro en Moscú; una docena de ciudades compiten cada temporada por el privilegio de recibir el gran partido, y en consecuencia, la millonaria derrama económica que genera. La legendaria final de la FA Cup en Inglaterra, el torneo de futbol más antiguo del mundo, y otra vez, el mismo concepto, una sola final en un estadio majestuoso; un sólo encuentro que se convierte en el sueño de toda una afición: llegar algún día a Wembley; ir todos juntos hasta allá, tomar el tren, vivir una maravillosa andanza, y si hay buena fortuna, recibir la FA Cup de manos de la Reina. Te lo digo de nuevo, el modelo funciona desde hace mucho tiempo: un solo partido, una sola final es igual a más emoción, mayor incertidumbre, mejor espectáculo, mayor valor, más dinero…
Y así podríamos seguir relatando ejemplos de que en muchas ocasiones, MENOS es MÁS. Porque siempre resultará mejor una sola experiencia al límite de la pasión, que una final repartida en dos capítulos, ida y vuelta, terreno siempre fértil para la especulación.
Hace mucho que el Futbol Mexicano debió haberse sumado a esta tendencia. La verdad es que hay poco que inventar, sólo hay que imitar el modelo, y seguir las mejores prácticas de las competiciones más exitosas del mundo. Imagínate que en lugar de que el título se defina en un estadio pequeño e inadecuado como el de Cancún, el de los Tecos, o el de Santos, la gran final se jugara a un partido único, en un estadio neutral, en un gran escenario como el Azteca, el Jalisco, el Universitario de Nuevo León, con las dos televisoras transmitiendo el encuentro, con todos los programas deportivos emitidos desde ese lugar, con menos patrocinadores pero pagando más, con menos marcas involucradas pero con mayor exposición mediática; con el 45% de la taquilla para cada equipo, y el 10% restante para la Federación Mexicana de Futbol. Además, una vibrante semana de actividades alrededor del evento, siete días de espectáculos y experiencias que derivarían en ocupación hotelera al cien por ciento, bares y restaurantes a toda su capacidad, conciertos, espectáculos, venta de souvenirs, etc. En resumen, una aventura para todos, sin importar el nombre de los equipos finalistas.
Y por favor no caigamos en el argumento simple y superficial. Es falso de que una final a ida y vuelta genera mayor valor comercial que un sólo partido en un gran estadio. Es equivocado pensar que un enfrentamiento en dos capítulos genera mayor atención mediática que un evento único que concentra la incertidumbre de todo el país y que puede venderse a los patrocinadores con meses de antelación. En términos generales, así lo hace la Champions League que este año disputara su final en Moscú. Asi lo hace la NFL que este año llevó el Superbowl a Phoenix. Así lo hace la Copa de la UEFA, el Final Four del Basquetbol de la NCAA, los tazones del futbol americano colegial en los Estados Unidos y hasta ¡la MLS!
Ahí les dejo mi propuesta para que peloteen con ella en su imaginación. Llegó la hora de darle vida a nuestra gran final. El Futbol Mexicano necesita un domingo extraordinario. Un domingo gigante. Un domingo sin igual. Así sería el domingo de mis sueños.
La vuelta al mundo del futbol
February 7, 2008 on 4:26 pm | In editoriales, Notas y Editoriales, FUTBOL TOTAL | 3 Comments
Una mañana de 1873, un acaudalado londinense llamado Philleas Fogg, emprendió un reto inolvidable: dar la vuelta al mundo en 80 días. Seguramente has oído hablar de su apasionante aventura a bordo de trenes, barcos, globos y elefantes, y tal vez incluso sepas que esa legendaria historia surgió de la prodigiosa imaginación del escritor francés Julio Verne.
Actualmente, es posible dar la vuelta al mundo en unas 36 horas, viajando por rutas comerciales y en aviones comunes. Pero no tendría nada de excitante pasarse día y medio atrapado entre aeronaves y aeropuertos, porque, como bien dicen, lo importante no es el destino final, sino la jornada entera, el viaje en sí mismo.
Tal vez por eso, hay tipos como yo, a los que nos siguen emocionando esas películas donde el héroe, llámese Indiana Jones, James Bond o Jason Bourne, aparece un día en la India y al siguiente está en Moscú; hoy se toma un café en Venecia y mañana aparecen cazando leones en el Congo; porque al final, viajar ha sido siempre una de las pasiones universales del ser humano.
Por eso, cada vez que comienza un año, me gusta tomar un calendario y marcarlo con los lugares a los que me gustaría ir y los eventos que me encantaría ver. ¿A dónde me llevará el 2008? ¿A dónde te llevará a tí? Y así, planeando la ruta de mis fascinaciones, sin más límites que mis propios deseos, empiezo a imaginarme que mando todo al demonio: mi trabajo, mi casa, mi rutina; lleno una back pack, tomo mi pasaporte, y me lanzo rumbo a una gran aventura, un viejo capricho, una gigantesca visión: dar la vuelta al mundo siguiendo la ruta del futbol ¿Te atreves? Nosotros en Futbol Total sí.
Primera escala, enero 2008: Nuestro viaje inicial nos lleva hasta Accra, la capital de Ghana, en África. Ahí estamos, tú y nosotros, en el Estadio Ohene Djan, “compartiendo pasiones en el centro de la tierra”, para la inauguración de uno de los torneos más efervescentes del mundo: La Copa Africana de Naciones, el juego en su versión más tribal, con colores, sonidos, olores que jamás has percibido en tu vida.
De ahí, nos vamos al norte, rumbo a Europa, para vivir de día en los rancios estadios de Italia y España, Alemania e Inglaterra, y para dormir por las noches en los trenes trasalpinos, todo con tal de ser testigos de la Liga de Campeones de Europa. Un día estaremos en el Estadio Guisseppe Meazza de Milán, al otro en Stamford Bridge, la millonaria casa del Chelsea; otra tarde tomaremos el Virgin Train para llegar a Anfield y escuchar el “You´ll Never Walk Alone” del Liverpool, y otra noche contemplaremos el imponente estadio Santiago Bernabeu de Madrid; partido a partido, emoción tras emoción, así viajaremos jornada a jornada hasta llegar a la gran final el 21 de mayo en el Luzhniki Stadium de Moscú.
A esas alturas del año, ya bien entrados en la primavera, será buen momento para volar de regreso a América, a Buenos Aires o a Río de Janeiro, a Asunción o México, para vivir las finales de la Copa Libertadores. Con un poco de suerte, y hasta nos toca ver a un club mexicano ganar por fin el viejo trofeo continental. Y después de pisar los vetustos graderíos sudamericanos, nos iremos hasta Beijing, China, a la modernidad del Estadio “Nido del Pájaro”, para ser partícipes del espectáculo más grande sobre la faz de la tierra: Los Juegos Olímpicos.
Y tal vez, para esos momentos, estemos ya muy cansados de viajar por la ruta del futbol; seguramente habremos hecho muchos amigos, cargaremos en nuestra maleta una docena de camisetas de clubes exóticos, y posiblemente, sea momento de volver a casa para ver cómo arranca la temporada el club de nuestro corazón. O si somos más ambiciosos, y nos sobra todavía algún dinero, a la mejor buscamos la manera de viajar a las islas del caribe o a Centroamérica para sufrir la rocosa eliminatoria mundialista junto a nuestra Selección.
¿Dónde acabaremos el año? Imposible saberlo, y como les decía, probablemente, el destino final, ni siquiera sea importante. ¿Hasta dónde llegaremos? No lo sé. Pero ojalá que al terminar el año, tú y nosotros, nos encontremos en algún lugar, afuera de un estadio, tal vez, para enseñarnos las fotografías que nos sacamos durante el larguísimo viaje y para contarnos las mil historias que nos ocurrieron, el año que le dimos la vuelta al mundo, siguiendo la ruta del futbol.
¡Fantástico Kaká!
February 7, 2008 on 4:14 pm | In editoriales, Notas y Editoriales, futbol, figuras, FUTBOL TOTAL | No Comments
Los hinchas del poderoso Milan A.C. presumen traer “con il diavolo in corpo”. Muestran, siempre, desafiantes en la tribuna una gigantesca manta donde se puede leer que pertenecen al “Il Regno del diavolo” (Reino del Diablo)”. Su mascota es un diablillo regordete al que llaman “Milanello” y amedrentan a sus rivales llamando a su estadio “la fosa de los leones”. Pero Kaká, su futbolista más brillante, su ídolo más tierno, piensa, siente y vive de otra manera…
Aquella noche calurosa en el Estadio Olímpico de Atenas, mientras todos sus compañeros celebraban eufóricos la séptima Copa de Europa que el Milan acababa de ganar; mientras Inzagi, Maldini, Ambrosini, y Nesta se abrazaban como niños tras el silbatazo final, a unos metros, Ricardo Izecson dos Santos Leite, “Kaká”, solo, arrodillado, con los brazos abiertos en cruz, el rostro apuntando al cielo, y los ojos apretados…rezaba. Un derrotado Steven Gerrard pasó junto a él y no pudo evitar leer el mensaje que el brasileño le enviaba al mundo: “Pertenezco a Jesús”, leyó el capitán del Liverpool, en inglés, sobre la camiseta que Kaká traía, cual armadura espiritual, por debajo de la gloriosa zamarra del Milan. Tras dar gracias, Kaká regresó a escena, se puso de nuevo la camiseta rossonera, y se unió a los festejos con plena conciencia de la magnitud y el poder que contenía aquel momento. El mensaje se había enviado.
Kaká, el jugador favorito para ganar los trofeos más importantes del año, es un crack atípico. Alejado de los excesos que supone la vida del futbolista profesional: fiestas, mujeres, alcohol y escándalos, Kaká, creyente de la Iglesia Evangélica, trata todos los días de evitar las “tentaciones”. Aficionado a la lectura, al arte, al cine y al teatro, asegura que sus compañeros le miran a veces con perplejidad, como si fuera un poco raro. “Desde que llegué a Italia, nunca he ido a una discoteca, sólo a las fiestas del Milan, y siempre con mi mujer. Cuando ella estaba en Brasil, teníamos un pacto: éramos libres de salir con los amigos, pero a media noche volvíamos a casa y nos llamábamos por teléfono. Caroline y yo hemos hecho muchos sacrificios”, dijo a la revista Vanity Fair, un enamorado Kaká, quien el próximo 17 de diciembre en la Opera de Zurich, será uno de los finalistas para ganar el trofeo FIFA World Player 2007.
“Creo que he trabajado bien y merezco el título, ganamos la Copa de Europa, fui el máximo goleador de la competición, pero el trofeo no me quita el sueño. Mi serenidad no depende de un premio”, asegura Kaká; el dulce, armónico y equilibrado Kaká; el mágico, electrizante y sorpresivo Kaká; el ilustrado, sensible y artístico Kaká; el piadoso, creyente, y virtuoso Kaká; el “Embajador contra el hambre”, el talento del Brasil blanco, el consciente, el mesurado, el centrado Kaká; el bello ragazzo que cautivó a Giorgio Armani, el consentido de Berlusconi, el claro sucesor –entonces- de Maldini como el rostro hermoso del Milan: Kaká. El único jugador rossonero que no trae “el diablo en el cuerpo”, porque a él, al fantástico Kaká, al mejor jugador del mundo en el 2007, lo mueve otra fuerza, otro ser.
18 de diciembre, Opera House de Zurich
February 7, 2008 on 2:35 pm | In editoriales, Notas y Editoriales, FUTBOL TOTAL | No CommentsEn la lista de este año, figuran tres futbolistas nacidos en Brasil: el bicampeón Ronaldinho, el jugador del AC Milan Kaká y su rival en esta ciudad italiana Adriano.

En 1996, George Weah causó sensación al convertirse en el primer (y único hasta la fecha) jugador africano que ha ganado el máximo galardón individual. Al delantero liberiano y leyenda del AC Milan se podría unir en esta edición Samuel Eto’o (de Camerún), Didier Drogba (de Costa de Marfil) o Michael Essien (de Ghana).
Siempre que el premio se ha entregado en un año de celebración de la Copa Mundial de la FIFA, se ha llevado el galardón un miembro de la selección campeona del mundo en esa edición en concreto. El alemán Lothar Matthaus se proclamó Jugador Mundial de la FIFA en 1991, y el brasileño Romario de Brasil destacó en 1994. En 1998, Zinedine Zidane se ciñó los laureles, y en 2002 lo hizo Ronaldo. Sin duda, tanta coincidencia no puede ser casualidad. Cada uno de los candidatos italianos al premio de 2006 (Gianluigi Buffon, Fabio Cannavaro, Alessandro Nesta, Andrea Pirlo y Gennaro Gattuso) sabe muy bien que tiene muchísimas posibilidades de unir su nombre al único azzurro que se ha coronado mejor jugador del año, Roberto Baggio (1993).
Sólo dos hombres, Ronaldinho en 2004 y 2005, y Ronaldo en 1996 y 1997, han conseguido el triunfo en dos años consecutivos. No obstante, el premio a la Mejor Jugadora de la FIFA, que existe desde 2001, se ha otorgado únicamente a dos futbolistas y ambas se han hecho con él en años consecutivos.
Gianluigi Buffon, Fabio Cannavaro, Gennaro Gattuso, Alessandro Nesta y Andrea Pirlo por parte de los Azzurri; Thierry Henry, Franck Ribery, Lilian Thuram, Patrick Vieira y Zinedine Zidane por parte de los Bleus. Algo lógico, habida cuenta de que esas dos selecciones llegaron a la final en Alemania. Por detrás de ellas, los semifinalistas germanos suman cuatro futbolistas: Michael Ballack, Miroslav Klose, Philipp Lahm y Jens Lehmann.
¿Sitio a los defensas?
Hay que destacar que, en esta lista de 30, sólo Zidane, Figo y Ronaldinho han ganado ya el premio al Jugador Mundial de la FIFA, si bien Henry es también un habitual, ya que acabó en el podio en 2003 y 2004. Andriy Shevchenko (2004), Frank Lampard (2005) y Samuel Eto’o (2005) también estuvieron ya cerca de la gloria. Hay que resaltar igualmente que un solo jugador ha llegado a la final de las dos grandes citas del año, la Liga de Campeones y la Copa Mundial: el punta del Arsenal Thierry Henry.
2005: Ronaldinho (BRA)
2004: Ronaldinho (BRA)
2003: Zinedine Zidane (FRA)
2002: Ronaldo (BRA)
2001: Luis Figo (POR)
2000: Zinedine Zidane (FRA)
1999: Rivaldo (BRA)
1998: Zinedine Zidane (FRA)
1997: Ronaldo (BRA)
1996: Ronaldo (BRA)
1995: George Weah (LBR)
1994: Romario (BRA)
1993: Roberto Baggio (ITA)
1992: Marco van Basten (NED)
1991: Lothar Matthaus (GER)
Por una nueva revolución
February 7, 2008 on 2:31 pm | In editoriales, Notas y Editoriales, FUTBOL TOTAL | 1 Comment
Es la noche del 27 de junio del 2001, llueve con fuerza en la Ciudad de México. Por primera vez un club mexicano disputa la final de la Copa Libertadores y por la televisión nos llegan imágenes coloreadas de heroísmo. Nunca hemos vivido una ilusión de esta magnitud; y Cruz Azul la ha construido con victorias inolvidables y un temperamento homérico en las canchas sudamericanas. El escenario, la historia, la presión, la experiencia, todas las sensaciones son nuevas para nosotros. La gran leyenda del trofeo continental incluye por fin a México. La Bombonera de Boca Juniors es una gigantesca garganta de la que brotan cantos y bengalas. Una espesa nube de humo se cierne sobre la portería sur en donde Oscar Córdoba y el “Conejo” Pérez se dan un último abrazo antes de enfrentarse en la serie de penaltis. ¿Dónde estabas aquella noche? ¿Dónde viste ese partido? O acaso ¿Sólo lo escuchaste? ¿Lo recuerdas? Quiero pensar que sí. Porque esa emoción seguro que se quedó encapsulada en tu memoria, exactamente igual que en la mía. Y es que la Emoción (con mayúscula al inicio) es la única razón por la que tú y yo somos parte de este juego. Si estuviéramos aquí sólo para ganar, hace tiempo que nos hubiéramos frustrado. ¿Cuántas veces puedes celebrar un título de tu equipo a los largo de tu vida? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cinco veces? Y eso si eres afortunado. Suenan muy pocas para tantos años. ¿Cuántos triunfos puedes gozar en una temporada? ¿Diez? ¿Quince? ¿Cuántas derrotas habrás de soportar? ¿Cuántos años eres capaz de esperar antes de ganar una final? Por eso te digo que estamos aquí porque en el fondo, lo único que verdaderamente queremos es emocionarnos, para bien o para mal, disfrutar y sufrir, sentirnos vivos, tener una ilusión –aunque ésta muchas veces se incumpla- no importa; porque apenas muere, la esperanza renace al día siguiente.
Esa noche lluviosa de junio, fue –con seguridad- la última ocasión en que Cruz Azul me emocionó. Vi aquel partido en la redacción de TV Azteca, en una televisión pequeñita, de doce pulgadas, abrazado a mis compañeros durante la serie de penaltis, como si eso pudiera ayudar en algo al equipo. Y esa exaltación no tiene absolutamente nada que ver con nuestra filiación futbolística. Yo soy de Chivas, y lo seré siempre; otros en esa redacción son de Toluca, de Pumas, de América, pero aquella inmensa novedad de llegar a una final de Copa Libertadores y tener a Boca al borde de la derrota en su mítica cancha, resultaba irresistible para todo el futbol mexicano. El resto de la historia lo conocen todos. No es necesario abundar en el drama que protagonizaron el chileno Pablo Galdames, el brasileño Julio César Pinheiro y José Alberto Hernández, tras fallar sus ejecuciones. Hasta ahí llegó el sueño libertador y en un instante pasamos del paroxismo al desconsuelo.
Sin embargo, aquel Cruz Azul alcanzó el grado de inolvidable porque fue capaz de emocionarnos. Era un grupo hambriento, con la sangre bien caliente; plagado de jóvenes inconscientes de lo que estaban haciendo; tipos que de un día para el otro se encontraron a sí mismos en la Primera División, luego de haber estado olvidados en el circuito de ascenso, y que bajo el mando de José Luis Trejo vivieron la aventura de sus vidas, un episodio que jamás regresará.
Y les cuento esto porque luego de seis años de depresión, pienso que Cruz Azul necesita una nueva revolución como la que protagonizaron Angeles, Gutiérrez, Campos, Hernández, Brown… Y no es que fueran futbolistas de otro mundo ni nada de eso, de hecho jamás volvieron a jugar de esa manera, simplemente refrescaron un plantel que estaba en crisis y llegaron a Primera División sin lastres, vicios, traumas o complejos. Jugaron con ilusión y sin obligación. Se esforzaron para probarse a sí mismos que eran valiosos, que pertenecían al máximo circuito, que podían competir con el que fuera, y si no, al menos estaban dispuestos a intentarlo. Trejo no fue el único valiente que aprovecho el ardor de esos futbolistas, también lo hizo Javier Aguirre, quien en el momento más crítico de la eliminatoria mundialista, los debutó con éxito en Selección Nacional. Aquello no era necesariamente talento, ni tampoco ningún descubrimiento extraordinario, constituyó para Cruz Azul la recuperación de lo básico que nos impulsa a jugar y a ganar: pasión, sueños, sed, deseo, ansia, fuego interior, ambición.
Luego del trauma que supuso la descalificación de la temporada pasada, el golpe para la afición, y el daño a la credibilidad de la organización, Cruz Azul necesita renacer, olvidar, comenzar de nuevo; descargarse de los errores del pasado, generar un nuevo liderazgo, replantear su misión, recuperar sus rivalidades, engendrar alguna nueva, liberarse de la obligación de ganar el campeonato, volver a disfrutar jugando al futbol, tal y como lo hacían aquellos jóvenes que junto a Palencia, Cardozo, Pérez, Almaguer, etc, llevaron a Cruz Azul a hacer inolvidable aquella noche húmeda del 27 de junio del 2001. Te lo vuelvo a preguntar, ¿Dónde viste aquella final? ¿Lo recuerdas?
La música de los Héroes
February 7, 2008 on 2:25 pm | In editoriales, Notas y Editoriales, FUTBOL TOTAL | No Comments
Fanfarrias, himnos, cantos, coros, voces, es el sonido, es la música la que nos hace creer que la magia existe, que los sueños son posibles, que los héroes viven todavía en algún lugar de la tierra, en el país de las hazañas, quizás, y que existen aun, corriendo por ahí, hombres y mujeres tocados por los dioses. El ojo es el que registra la proeza, pero ante lo inaudito siempre es necesaria una confirmación, una prueba alterna que ratifique el acto, y esa validación definitiva nos la da el oído. Es el sonido, una voz, tal vez; el clamor de un estadio, el grito del atleta, el canto de la narración, una gran obra musical, un himno olímpico, el que nos advierte que estamos en presencia de la magia. Y si los aromas nos conectan directamente a la memoria, también es cierto que la música está estrechamente relacionada con nuestro estado de ánimo; de hecho es el sonido el que crea emociones, el que dinamita en nuestro corazón un festival de sensaciones.
Las grandes historias que hemos visto en el cine jamás nos hubieran estremecido sin la banda sonora que las acompaña, y las gestas deportivas que han llenado nuestros ojos nunca hubieran alcanzado la perennidad de no haber sido ligadas a un tema musical que completara la experiencia. Por eso, esta tarde, que puede ser cualquiera, me metí a “You Tube” y recuperé un puñado de momentos, mil sensaciones que hace años no encontraba en mi interior. Tecleé y tecleé, busqué hasta saciarme de añoranza, y así me di cuenta que Italia 1990 vive todavía en mí gracias a “Un estate italiana”, aquella festiva canción interpretada por Gianna Nannini y Edoardo Bennato, la cual decía, entre otras cosas que aquel verano del 90 “el mundo se subiría a un carrusel de colores”.
Seguí buscando y reencontré que Barcelona 92 habita todavía un rincón de mi memoria gracias a las voces de Freddy Mercury y Montserrtat Cavallé unidas a aquel espectacular tema “Barcelona”, o a Sarah Brightman y José Carreras entonando “Amigos para Siempre” en aquella nostálgica ceremonia de clausura en Montjuic. Volví a ver la bahía de Sydney y su noche iluminada gracias al poderoso tema “The Flame” cantado por Tina Arena, y rememoré que los “Héroes son para siempre” al escuchar la extraordinaria voz de Vanesa Amorosi en la ceremonia de inauguración de los Juegos del 2002. Reviví los Olímpicos de Invierno de Torino 2006, escuchando a Luciano Pavarotti cantar “Nessum Dorma” en una noche helada, y otro puñado de momentos deportivos, épicos, humanos, que me gusta pensar, fueron sólo para mis ojos, o mejor dicho, sólo para mis oídos.
Y así, gracias a la inmortalidad de los sonidos, recordaré siempre las dos finales de Champions League que he tenido la oportunidad de vivir como testigo. La de Estambul, en el 2005, con el gigantesco coro inglés entonando el “You´ll never walk alone” como himno de salvación ante la amenaza del Milan; y la del 2006 en París, con el viejo himno del Barcelona, “Tot el camp / es un clam / som la gent Blau Grana…” sonando en las tribunas del Stade de France.
Lo mismo me pasa cada año, en fechas de otoño como estas, cuando luego de cuatro meses de contención, mis oídos reciben la señal de que la magia está de regreso, y vuelvo a escuchar esas notas que George Friedrich Handel compuso en 1727, “Zadok, the Priest”, como un himno para la coronación del Rey Jorge II de la Gran Bretaña, y que hoy millones de personas las conocen simplemente como el himno de la Champions League, gracias al extraordinario arreglo que hizo Tony Britten. Ese coro monumental, esos compases inconfundibles, constituyen la combinación secreta que abre para mí un mundo fantástico, una dimensión alterna habitada por héroes, matizada por hazañas y que vivirá siempre, inmortal, en mi memoria. ¡Que suenen los violines ¡Que respire el órgano! ¡Que se escuchen mil voces! ¡Porque comienza el maravilloso espectáculo de la Champions League!
Me encantan las rivalidades ¿A ti?
February 7, 2008 on 2:09 pm | In Notas y Editoriales, futbol, FUTBOL TOTAL | No Comments
Tú lo sabes bien. Este grandioso juego vive de sus rivalidades. Nada resulta más apetecible que un partido entre dos equipos que se repelen históricamente; y el asunto funciona igual en Primera División, que en los torneos escolares o las competencias del barrio. Los grandes equipos del mundo, clubes o selecciones, tienen, todas, un rival superior. Alemania e Inglaterra se han pasado los últimos 40 años cobrándose deudas futbolísticas; Brasil se tensa cuando tiene enfrente la camiseta de Argentina; y Uruguay disfruta haciéndole la vida imposible a los dos. España tiene cuentas pendientes con la Francia de Platini y con la de Zidane. El Real Madrid tiene en el Milán y en el Bayern Munich a sus bestias negras, porque en la memoria existen trazos imposibles de borrar.
¿Y nosotros? ¿Quién es nuestro gran enemigo? ¿Quién encarna a nuestro antagonista?
Durante muchos años, el futbol mexicano careció de rivalidades a nivel internacional. Hasta hace una década nuestros clubes estaban fuera de los torneos sudamericanos y se tomaban medio en serio, medio en broma, las competencias de Concacaf, mientras que la Selección, fuera de los partidos como visitante en Centroamérica, nunca jugó algo que tuviera tintes de clásico. Y como sostengo, para que este juego alcance su plenitud, siempre hace falta un rival superior, un villano que convierta en pesadilla nuestros sueños colectivos. Ahora lo tenemos, tú lo conoces, ya lo has sufrido: Estados Unidos.
Aquella maldita tarde en Jeongju
Nunca olvidaré aquella tarde caliente del 2002 en Jeong Ju. Aquel día de verano en Corea todo resultó insoportable. Fueron 90 minutos de un silencio perturbador. Los que vimos aquel partido de octavos de final contra Estados Unidos viajamos de la esperanza a la frustración, de la ilusión a la impotencia. No hubo nada que nos rescatara del naufragio. Lo único que aplaudí fue el hachazo de Rafa Márquez sobre Cobi Jones, luego de las burlas del estadounidense. Fue la expulsión menos reprobable en la historia de la Selección Mexicana. Al menos, aquello fue un gesto de coraje, en una tarde de irritante tibieza. Ese día salí del estadio con algo muy claro, tendríamos que esperar muchos años para lograr el desquite. Ninguna victoria dentro de la eliminatoria mundialista, ni tampoco en la Copa de Oro, sería suficiente. Habrá que vengarse en una Copa del Mundo.
La SuperLiga
Igual que las naciones, el futbol también tiende, de forma natural, a buscar nuevas rivalidades que desaten el morbo de los aficionados y provoquen la excitación del mercado. Por eso, mientras esperamos una nueva oportunidad para tomar revancha, tenemos a partir de este verano un torneo diseñado para alimentar este encono futbolístico: La Super Liga, un torneo de ocho equipos, con América, Chivas, Monarcas y Pachuca de un lado y DC United, Dallas FC, Los Angeles Galaxy y Houston Dinamo, del otro.
A falta de un trofeo con tradición, los participantes competirán por un millón de dólares para el campeón, mientras nosotros tendremos la oportunidad de seguir dejándole claro a nuestros vecinos del norte quien manda, al menos, en este juego. Sin importar que nuestros clubes estén en pretemporada y los estadounidenses en plena competencia, el futbol mexicano debe tomarse en serio este octagonal. No podemos permitir que nuestra autoestima futbolística siga recibiendo golpes de nuestro vecino. Dos de nuestros clubes deben estar en la final. Pero ¡Atención! ¡No te confundas! Dentro de las rivalidades también mandan las jerarquías. Por eso, apoyaré a Chivas, a Monarcas, a Pachuca, pero nunca al América. Si es necesario, hincharé por algún club gringo en la final antes que traicionar mi sentimiento más profundo. Y si el asunto fuera al revés y odiara al Guadalajara, haría exactamente lo mismo, porque, tú lo sabes bien, este grandioso juego, vive de sus rivalidades.
*publicado orignalmente en Futbol Total
¡Qué manera de sufrir!
February 7, 2008 on 11:44 am | In Notas y Editoriales, FUTBOL TOTAL | No Comments
El Atlético de Madrid es un veterano del sufrimiento. Pocos equipos grandes en el mundo han tenido una existencia tan delirante como la de los “colchoneros”. Si el terrible síndrome bipolar que aqueja a algunos humanos pudiera presentarse en un club de futbol, el “Atleti” sería un ejemplo recurrente. Esa tendencia a los extremos, a la euforia y la agonía, son la marca de su gente, su historia y su destino. Por eso, dicen que ser del Atlético de Madrid “no es fácil de explicar, pero que es algo, muy, muy grande”.
Me han dicho ellos, los “atléticos”, ahí, sobre la melancólica ribera del Manzanares, que en su corazón hay “razones que las razón no entiende” y que por eso aguantan todo, los largos años de desdichas y los contados momentos de gloria. Y me han confesado también, a mí, que tengo el corazón blanco, que ellos siguen ahí, a pesar de lo difícil que ha sido su existencia: “por historia…por tradición…por orgullo…porque somos diferentes…porque tras caer siempre nos levantamos…porque sólo nosotros podemos entendernos…porque sabes que los demás jamás sentirán algo así…POR COJONES…Atlético de Madrid.”
Y yo siempre los escucho atento, como si todo aquello tuviera en el fondo algo poético, algo tristemente hermoso. Y me dicen los aficionados rojiblancos que “para entender lo que pasa, / Hay que haber llorado dentro, / del Calderón, que es mi casa… / O del Metropolitano, / donde lloraba mi abuelo, / con mi papá de la mano /, tal y como escribió el irredimible “colchonero” Joaquín Sabina.
Y yo les juro que trato de imaginar todo aquello y ponerme en su lugar. E intento proyectar que sería de mí como hincha, si en lugar de haber crecido contento y ganando como me ocurrió siguiendo al Real Madrid, lo hubiera hecho siempre al borde del susto como ocurrió con ellos, los del “Atleti”. Y por eso los respeto mucho, y algunos me parecen entrañables; porque no lloriquean por todo como los del Barca; porque soportan lo indecible y llevan su raza con orgullo; porque se han soplado lo peor y no desisten, porque su bandera es la resistencia, porque ya demostraron que son capaces de ir hasta el fin del mundo, y regresar con ganas de seguir soñando.
Respeto a los “atléticos” porque cada domingo antes de ir rumbo al estadio, se cuentan, como si fueran toreros, las heridas que tienen en el cuerpo, se untan un extraño ungüento rojiblanco, y salen de casa, como si fuera la primera vez, como si no hubieran perdido nunca, dispuestos soñar. Porque las victorias, igual que “la primavera” les han durado un segundo, un título de liga en treinta años; porque rehuyen las modas, porque son “adictos al veneno del balón envenenado” y hasta los quiero un poco porque su uniforme era igual que el mío cuando era pequeño.
Respeto al Atlético porque un día escuché a Don Agustín de la Fuente Quintana, socio No.1 del club, contar que: “a los 63 años me quité el tabaco…no fue fácil, pero lo conseguí. Cuando cumplí setenta dejé el anís. Con fuerza de voluntad me quité hasta el vinito de las comidas; y he conseguido superar la sal, el café, las apuestas y las cartas….Pero al puñetero Atléti…mmmhhh!…Me mata…me da la vida.”
Respeto al Atlético porque sé que hay abuelos, padres e hijos que siempre estuvieron orgullosos de ser lo que son. Y los respeto porque lo que se gana con esfuerzo es mucho más valioso; porque no siempre hay que escoger el camino más fácil, porque a los hinchas “colchoneros” nadie nunca les va a regalar nada, y porque justamente por eso son grandes. Y los admiro porque a veces no sé de dónde sacan fuerzas para seguir, y para transmitirle ese sentimiento a sus hijos.
Rindo tributo al Atlético porque, como merengue, los extrañé cuando se pasaron aquel “añito en el infierno”, metidos en la alcantarilla de la segunda división; y nunca dejaré de admirarlos y de contar y recontar sus historias de pasión porque como dice su himno del Centenario: “¡Qué manera de aguantar!, / ¡Qué manera de crecer!, / ¡Qué manera de sentir!, / ¡Qué manera de soñar!, / ¡Qué manera de aprender!, / ¡Qué manera de sufrir!, / ¡Qué manera de palmar!, / ¡Qué manera de vencer!, / ¡Qué manera de vivir! / ¡Qué manera de subir y bajar de las nubes, / ¡Que viva el “Atleti” de Madrid…!/ Con dinero y sin dinero, / somos los primeros / ¡Que viva mi “Atleti” de Madrid! / Qué manera de viajar a la gloria gritando, / ¡Que viva mi “Atleti” de Madrid! /.
Y ahora, después de tantos años de ser blanco, ya hasta los quiero un poco y soy el primero en afirmar que nuestro “Vasco” Aguirre no podría haber llegado a mejor club que éste; porque en el fondo, él es igual a ellos, a todos los atléticos; es un luchador, un admirable “cabeza dura”, un tipo apasionado por las mismas cosas desde hace tanto tiempo. Y por eso, cada domingo estoy al pendiente de lo que les pasa, siempre les deseo lo mejor y hasta me alegro cuando ganan. Mientras ellos, los “colchoneros”, siguen ahí, igual que yo en este momento, escuchando a Sabina, imaginando un montón de historias, aguantando, sufriendo, palmando, soñando con el día que ganen el partido “más hermoso del mundo.”
*publicado originalmente en Futbol Total
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