18 de diciembre, Opera House de Zurich
February 7, 2008 on 2:35 pm | In FUTBOL TOTAL, Notas y Editoriales, editoriales | No CommentsEn la lista de este año, figuran tres futbolistas nacidos en Brasil: el bicampeón Ronaldinho, el jugador del AC Milan Kaká y su rival en esta ciudad italiana Adriano.

En 1996, George Weah causó sensación al convertirse en el primer (y único hasta la fecha) jugador africano que ha ganado el máximo galardón individual. Al delantero liberiano y leyenda del AC Milan se podría unir en esta edición Samuel Eto’o (de Camerún), Didier Drogba (de Costa de Marfil) o Michael Essien (de Ghana).
Siempre que el premio se ha entregado en un año de celebración de la Copa Mundial de la FIFA, se ha llevado el galardón un miembro de la selección campeona del mundo en esa edición en concreto. El alemán Lothar Matthaus se proclamó Jugador Mundial de la FIFA en 1991, y el brasileño Romario de Brasil destacó en 1994. En 1998, Zinedine Zidane se ciñó los laureles, y en 2002 lo hizo Ronaldo. Sin duda, tanta coincidencia no puede ser casualidad. Cada uno de los candidatos italianos al premio de 2006 (Gianluigi Buffon, Fabio Cannavaro, Alessandro Nesta, Andrea Pirlo y Gennaro Gattuso) sabe muy bien que tiene muchísimas posibilidades de unir su nombre al único azzurro que se ha coronado mejor jugador del año, Roberto Baggio (1993).
Sólo dos hombres, Ronaldinho en 2004 y 2005, y Ronaldo en 1996 y 1997, han conseguido el triunfo en dos años consecutivos. No obstante, el premio a la Mejor Jugadora de la FIFA, que existe desde 2001, se ha otorgado únicamente a dos futbolistas y ambas se han hecho con él en años consecutivos.
Gianluigi Buffon, Fabio Cannavaro, Gennaro Gattuso, Alessandro Nesta y Andrea Pirlo por parte de los Azzurri; Thierry Henry, Franck Ribery, Lilian Thuram, Patrick Vieira y Zinedine Zidane por parte de los Bleus. Algo lógico, habida cuenta de que esas dos selecciones llegaron a la final en Alemania. Por detrás de ellas, los semifinalistas germanos suman cuatro futbolistas: Michael Ballack, Miroslav Klose, Philipp Lahm y Jens Lehmann.
¿Sitio a los defensas?
Hay que destacar que, en esta lista de 30, sólo Zidane, Figo y Ronaldinho han ganado ya el premio al Jugador Mundial de la FIFA, si bien Henry es también un habitual, ya que acabó en el podio en 2003 y 2004. Andriy Shevchenko (2004), Frank Lampard (2005) y Samuel Eto’o (2005) también estuvieron ya cerca de la gloria. Hay que resaltar igualmente que un solo jugador ha llegado a la final de las dos grandes citas del año, la Liga de Campeones y la Copa Mundial: el punta del Arsenal Thierry Henry.
2005: Ronaldinho (BRA)
2004: Ronaldinho (BRA)
2003: Zinedine Zidane (FRA)
2002: Ronaldo (BRA)
2001: Luis Figo (POR)
2000: Zinedine Zidane (FRA)
1999: Rivaldo (BRA)
1998: Zinedine Zidane (FRA)
1997: Ronaldo (BRA)
1996: Ronaldo (BRA)
1995: George Weah (LBR)
1994: Romario (BRA)
1993: Roberto Baggio (ITA)
1992: Marco van Basten (NED)
1991: Lothar Matthaus (GER)
Por una nueva revolución
February 7, 2008 on 2:31 pm | In FUTBOL TOTAL, Notas y Editoriales, editoriales | 1 Comment
Es la noche del 27 de junio del 2001, llueve con fuerza en la Ciudad de México. Por primera vez un club mexicano disputa la final de la Copa Libertadores y por la televisión nos llegan imágenes coloreadas de heroísmo. Nunca hemos vivido una ilusión de esta magnitud; y Cruz Azul la ha construido con victorias inolvidables y un temperamento homérico en las canchas sudamericanas. El escenario, la historia, la presión, la experiencia, todas las sensaciones son nuevas para nosotros. La gran leyenda del trofeo continental incluye por fin a México. La Bombonera de Boca Juniors es una gigantesca garganta de la que brotan cantos y bengalas. Una espesa nube de humo se cierne sobre la portería sur en donde Oscar Córdoba y el “Conejo” Pérez se dan un último abrazo antes de enfrentarse en la serie de penaltis. ¿Dónde estabas aquella noche? ¿Dónde viste ese partido? O acaso ¿Sólo lo escuchaste? ¿Lo recuerdas? Quiero pensar que sí. Porque esa emoción seguro que se quedó encapsulada en tu memoria, exactamente igual que en la mía. Y es que la Emoción (con mayúscula al inicio) es la única razón por la que tú y yo somos parte de este juego. Si estuviéramos aquí sólo para ganar, hace tiempo que nos hubiéramos frustrado. ¿Cuántas veces puedes celebrar un título de tu equipo a los largo de tu vida? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cinco veces? Y eso si eres afortunado. Suenan muy pocas para tantos años. ¿Cuántos triunfos puedes gozar en una temporada? ¿Diez? ¿Quince? ¿Cuántas derrotas habrás de soportar? ¿Cuántos años eres capaz de esperar antes de ganar una final? Por eso te digo que estamos aquí porque en el fondo, lo único que verdaderamente queremos es emocionarnos, para bien o para mal, disfrutar y sufrir, sentirnos vivos, tener una ilusión –aunque ésta muchas veces se incumpla- no importa; porque apenas muere, la esperanza renace al día siguiente.
Esa noche lluviosa de junio, fue –con seguridad- la última ocasión en que Cruz Azul me emocionó. Vi aquel partido en la redacción de TV Azteca, en una televisión pequeñita, de doce pulgadas, abrazado a mis compañeros durante la serie de penaltis, como si eso pudiera ayudar en algo al equipo. Y esa exaltación no tiene absolutamente nada que ver con nuestra filiación futbolística. Yo soy de Chivas, y lo seré siempre; otros en esa redacción son de Toluca, de Pumas, de América, pero aquella inmensa novedad de llegar a una final de Copa Libertadores y tener a Boca al borde de la derrota en su mítica cancha, resultaba irresistible para todo el futbol mexicano. El resto de la historia lo conocen todos. No es necesario abundar en el drama que protagonizaron el chileno Pablo Galdames, el brasileño Julio César Pinheiro y José Alberto Hernández, tras fallar sus ejecuciones. Hasta ahí llegó el sueño libertador y en un instante pasamos del paroxismo al desconsuelo.
Sin embargo, aquel Cruz Azul alcanzó el grado de inolvidable porque fue capaz de emocionarnos. Era un grupo hambriento, con la sangre bien caliente; plagado de jóvenes inconscientes de lo que estaban haciendo; tipos que de un día para el otro se encontraron a sí mismos en la Primera División, luego de haber estado olvidados en el circuito de ascenso, y que bajo el mando de José Luis Trejo vivieron la aventura de sus vidas, un episodio que jamás regresará.
Y les cuento esto porque luego de seis años de depresión, pienso que Cruz Azul necesita una nueva revolución como la que protagonizaron Angeles, Gutiérrez, Campos, Hernández, Brown… Y no es que fueran futbolistas de otro mundo ni nada de eso, de hecho jamás volvieron a jugar de esa manera, simplemente refrescaron un plantel que estaba en crisis y llegaron a Primera División sin lastres, vicios, traumas o complejos. Jugaron con ilusión y sin obligación. Se esforzaron para probarse a sí mismos que eran valiosos, que pertenecían al máximo circuito, que podían competir con el que fuera, y si no, al menos estaban dispuestos a intentarlo. Trejo no fue el único valiente que aprovecho el ardor de esos futbolistas, también lo hizo Javier Aguirre, quien en el momento más crítico de la eliminatoria mundialista, los debutó con éxito en Selección Nacional. Aquello no era necesariamente talento, ni tampoco ningún descubrimiento extraordinario, constituyó para Cruz Azul la recuperación de lo básico que nos impulsa a jugar y a ganar: pasión, sueños, sed, deseo, ansia, fuego interior, ambición.
Luego del trauma que supuso la descalificación de la temporada pasada, el golpe para la afición, y el daño a la credibilidad de la organización, Cruz Azul necesita renacer, olvidar, comenzar de nuevo; descargarse de los errores del pasado, generar un nuevo liderazgo, replantear su misión, recuperar sus rivalidades, engendrar alguna nueva, liberarse de la obligación de ganar el campeonato, volver a disfrutar jugando al futbol, tal y como lo hacían aquellos jóvenes que junto a Palencia, Cardozo, Pérez, Almaguer, etc, llevaron a Cruz Azul a hacer inolvidable aquella noche húmeda del 27 de junio del 2001. Te lo vuelvo a preguntar, ¿Dónde viste aquella final? ¿Lo recuerdas?
La música de los Héroes
February 7, 2008 on 2:25 pm | In FUTBOL TOTAL, Notas y Editoriales, editoriales | No Comments
Fanfarrias, himnos, cantos, coros, voces, es el sonido, es la música la que nos hace creer que la magia existe, que los sueños son posibles, que los héroes viven todavía en algún lugar de la tierra, en el país de las hazañas, quizás, y que existen aun, corriendo por ahí, hombres y mujeres tocados por los dioses. El ojo es el que registra la proeza, pero ante lo inaudito siempre es necesaria una confirmación, una prueba alterna que ratifique el acto, y esa validación definitiva nos la da el oído. Es el sonido, una voz, tal vez; el clamor de un estadio, el grito del atleta, el canto de la narración, una gran obra musical, un himno olímpico, el que nos advierte que estamos en presencia de la magia. Y si los aromas nos conectan directamente a la memoria, también es cierto que la música está estrechamente relacionada con nuestro estado de ánimo; de hecho es el sonido el que crea emociones, el que dinamita en nuestro corazón un festival de sensaciones.
Las grandes historias que hemos visto en el cine jamás nos hubieran estremecido sin la banda sonora que las acompaña, y las gestas deportivas que han llenado nuestros ojos nunca hubieran alcanzado la perennidad de no haber sido ligadas a un tema musical que completara la experiencia. Por eso, esta tarde, que puede ser cualquiera, me metí a “You Tube” y recuperé un puñado de momentos, mil sensaciones que hace años no encontraba en mi interior. Tecleé y tecleé, busqué hasta saciarme de añoranza, y así me di cuenta que Italia 1990 vive todavía en mí gracias a “Un estate italiana”, aquella festiva canción interpretada por Gianna Nannini y Edoardo Bennato, la cual decía, entre otras cosas que aquel verano del 90 “el mundo se subiría a un carrusel de colores”.
Seguí buscando y reencontré que Barcelona 92 habita todavía un rincón de mi memoria gracias a las voces de Freddy Mercury y Montserrtat Cavallé unidas a aquel espectacular tema “Barcelona”, o a Sarah Brightman y José Carreras entonando “Amigos para Siempre” en aquella nostálgica ceremonia de clausura en Montjuic. Volví a ver la bahía de Sydney y su noche iluminada gracias al poderoso tema “The Flame” cantado por Tina Arena, y rememoré que los “Héroes son para siempre” al escuchar la extraordinaria voz de Vanesa Amorosi en la ceremonia de inauguración de los Juegos del 2002. Reviví los Olímpicos de Invierno de Torino 2006, escuchando a Luciano Pavarotti cantar “Nessum Dorma” en una noche helada, y otro puñado de momentos deportivos, épicos, humanos, que me gusta pensar, fueron sólo para mis ojos, o mejor dicho, sólo para mis oídos.
Y así, gracias a la inmortalidad de los sonidos, recordaré siempre las dos finales de Champions League que he tenido la oportunidad de vivir como testigo. La de Estambul, en el 2005, con el gigantesco coro inglés entonando el “You´ll never walk alone” como himno de salvación ante la amenaza del Milan; y la del 2006 en París, con el viejo himno del Barcelona, “Tot el camp / es un clam / som la gent Blau Grana…” sonando en las tribunas del Stade de France.
Lo mismo me pasa cada año, en fechas de otoño como estas, cuando luego de cuatro meses de contención, mis oídos reciben la señal de que la magia está de regreso, y vuelvo a escuchar esas notas que George Friedrich Handel compuso en 1727, “Zadok, the Priest”, como un himno para la coronación del Rey Jorge II de la Gran Bretaña, y que hoy millones de personas las conocen simplemente como el himno de la Champions League, gracias al extraordinario arreglo que hizo Tony Britten. Ese coro monumental, esos compases inconfundibles, constituyen la combinación secreta que abre para mí un mundo fantástico, una dimensión alterna habitada por héroes, matizada por hazañas y que vivirá siempre, inmortal, en mi memoria. ¡Que suenen los violines ¡Que respire el órgano! ¡Que se escuchen mil voces! ¡Porque comienza el maravilloso espectáculo de la Champions League!
Recuento
February 7, 2008 on 2:17 pm | In FUTBOL TOTAL, futbol | No CommentsSe acabó el verano, al menos el futbolístico y nuestro juego regresa a su versión doméstica. Me han pedido que escriba sobre el nuevo torneo, el Apertura 2007, y la aventura que nos espera los próximos cinco meses. La tarea no sólo resulta abrumadora, por la cantidad de equipos, sino también de altísimo riesgo por la volatilidad de la competencia. Si existe una industria despiadada, donde los planes de los competidores siempre están a merced de misterios indescifrables, esa es la del futbol.
Por eso, encontrar un título justo para este artículo, es en si misma, una labor peliaguda. ¿Cuál de los 18 clubes merece llevarse el encabezado? ¿Qué propuesta te ilusiona más? ¿Quién se reforzó mejor? ¿Qué causa resulta más urgente?
Los nuevos proyectos:
Las contrataciones:
Las curiosidades
Y podríamos seguir buscando titulares para la liga que comienza; podríamos pensar en Pumas y su preocupante realidad, Santos y su nueva lucha contra el descenso, Tecos y su aventura solitaria, pero después de ensayar tantas opciones, me quedo con dos en las que la mayoría de los aficionados estarán de acuerdo:
-“Apertura 2007: Año 1 después de C. (Cuauhtémoc)”
-“Apertura 2007: Una Liga sin Carmona…!Que alivio!”
*publicado originalmente en futbol Total
Me encantan las rivalidades ¿A ti?
February 7, 2008 on 2:09 pm | In FUTBOL TOTAL, Notas y Editoriales, futbol | No Comments
Tú lo sabes bien. Este grandioso juego vive de sus rivalidades. Nada resulta más apetecible que un partido entre dos equipos que se repelen históricamente; y el asunto funciona igual en Primera División, que en los torneos escolares o las competencias del barrio. Los grandes equipos del mundo, clubes o selecciones, tienen, todas, un rival superior. Alemania e Inglaterra se han pasado los últimos 40 años cobrándose deudas futbolísticas; Brasil se tensa cuando tiene enfrente la camiseta de Argentina; y Uruguay disfruta haciéndole la vida imposible a los dos. España tiene cuentas pendientes con la Francia de Platini y con la de Zidane. El Real Madrid tiene en el Milán y en el Bayern Munich a sus bestias negras, porque en la memoria existen trazos imposibles de borrar.
¿Y nosotros? ¿Quién es nuestro gran enemigo? ¿Quién encarna a nuestro antagonista?
Durante muchos años, el futbol mexicano careció de rivalidades a nivel internacional. Hasta hace una década nuestros clubes estaban fuera de los torneos sudamericanos y se tomaban medio en serio, medio en broma, las competencias de Concacaf, mientras que la Selección, fuera de los partidos como visitante en Centroamérica, nunca jugó algo que tuviera tintes de clásico. Y como sostengo, para que este juego alcance su plenitud, siempre hace falta un rival superior, un villano que convierta en pesadilla nuestros sueños colectivos. Ahora lo tenemos, tú lo conoces, ya lo has sufrido: Estados Unidos.
Aquella maldita tarde en Jeongju
Nunca olvidaré aquella tarde caliente del 2002 en Jeong Ju. Aquel día de verano en Corea todo resultó insoportable. Fueron 90 minutos de un silencio perturbador. Los que vimos aquel partido de octavos de final contra Estados Unidos viajamos de la esperanza a la frustración, de la ilusión a la impotencia. No hubo nada que nos rescatara del naufragio. Lo único que aplaudí fue el hachazo de Rafa Márquez sobre Cobi Jones, luego de las burlas del estadounidense. Fue la expulsión menos reprobable en la historia de la Selección Mexicana. Al menos, aquello fue un gesto de coraje, en una tarde de irritante tibieza. Ese día salí del estadio con algo muy claro, tendríamos que esperar muchos años para lograr el desquite. Ninguna victoria dentro de la eliminatoria mundialista, ni tampoco en la Copa de Oro, sería suficiente. Habrá que vengarse en una Copa del Mundo.
La SuperLiga
Igual que las naciones, el futbol también tiende, de forma natural, a buscar nuevas rivalidades que desaten el morbo de los aficionados y provoquen la excitación del mercado. Por eso, mientras esperamos una nueva oportunidad para tomar revancha, tenemos a partir de este verano un torneo diseñado para alimentar este encono futbolístico: La Super Liga, un torneo de ocho equipos, con América, Chivas, Monarcas y Pachuca de un lado y DC United, Dallas FC, Los Angeles Galaxy y Houston Dinamo, del otro.
A falta de un trofeo con tradición, los participantes competirán por un millón de dólares para el campeón, mientras nosotros tendremos la oportunidad de seguir dejándole claro a nuestros vecinos del norte quien manda, al menos, en este juego. Sin importar que nuestros clubes estén en pretemporada y los estadounidenses en plena competencia, el futbol mexicano debe tomarse en serio este octagonal. No podemos permitir que nuestra autoestima futbolística siga recibiendo golpes de nuestro vecino. Dos de nuestros clubes deben estar en la final. Pero ¡Atención! ¡No te confundas! Dentro de las rivalidades también mandan las jerarquías. Por eso, apoyaré a Chivas, a Monarcas, a Pachuca, pero nunca al América. Si es necesario, hincharé por algún club gringo en la final antes que traicionar mi sentimiento más profundo. Y si el asunto fuera al revés y odiara al Guadalajara, haría exactamente lo mismo, porque, tú lo sabes bien, este grandioso juego, vive de sus rivalidades.
*publicado orignalmente en Futbol Total
¿Dónde estabas aquel 99?
February 7, 2008 on 2:00 pm | In FUTBOL TOTAL | 1 Comment¿Cuánto tiempo llevas viendo futbol? Desde hace cuántos años eres parte de este juego? ¿Cuántas cosas habrás visto ya? ¿Cuántos goles? ¿Cuántas victorias? ¿Cuántos milagros? ¿Cuántas tristezas? ¿Cuántos de tus ídolos dejaron de serlo? ¿Cuántos se retiraron ya y se convirtieron en gente común? ¿Cuántos campeonatos has celebrado? ¿Varios? ¿Ninguno? ¿Cuántas veces has llorado? La verdad es que estas respuestas importan muy poco, porque lo maravilloso del futbol es que siempre estamos empezando de nuevo, siempre hay tiempo y energía para gestar una nueva ilusión. No importa si tienes diez años y estás descubriendo el juego o si tienes setenta y muchas derrotas en la piel, el futbol es como la naturaleza, nace cada semana, cumple sus propios ciclos, se renueva cada domingo, reverdece cada mes.
Por eso, con la misma pasión con la que tú vives el juego, nosotros hemos intentado comprender tu necesidad de emociones y hemos abierto brechas a través de las fantásticas selvas del futbol para seguir juntos a nuestros héroes y a nuestros afectos, para vivir aventuras y descubrimientos, para combatir bestias peligrosas, porque de poco serviría el juego si lo viviéramos en la soledad. Se trata de una cuestión tribal, de un rito urbano, de la fiesta semanal de las ciudades, y por eso el placer subyace en vivirlo juntos, acompañados, convertirlo en diálogo, transformarlo en tradición oral.
Tienes en tus manos la edición CIEN de Futbol Total y en estos ocho años, hemos serpenteado contigo a través de los caminos de la palabra, hemos recorrido veredas a veces sinuosas, otras más rectas, en ocasiones llenas de descubrimientos alegres, y en otras de sorpresas tristes, y con el acumulado de esas leyendas, lugares, imágenes, cantos, viajes, aromas, e historias, hemos amueblado los rincones más queridos de nuestra memoria.

Casi a todos nos resulta inevitable echar un vitazo al origen y husmear en la querencia, cuando alcanzamos una fecha poderosamente simbólica. Yo no sé dónde estabas aquel día que esta revista vio la luz, no sé desde cuando eres parte de esta comunidad en la que mes con mes vivimos a nuestra manera este fabuloso mundo, sin embargo, yo no perdí la oportunidad de zambullirme en el archivo y viajar en el tiempo hasta aquel febrero de 1999 en que, con un maduro Antonio Carlos Santos en la primera portada, comenzamos a comunicarnos.
¿Dónde estabas aquel año? ¿A qué te dedicabas? Yo te puedo decir que ese 1999, en un mes como este, me lancé a la trepidante aventura de vivir la Copa América. Me pasé la mitad de aquel verano concentrado en el mismo hotel de la Selección Mexicana en Foz de Iguazu, frontera de Brasil y Paraguay. Viví de cerca el liderazgo de Manuel Lapuente, la ilusión de jugadores como Campos, Claudio, Luis Hernández, Cuauhtémoc; informé sobre la contratación de Rafa Márquez con el Mónaco; relaté el golpe que supuso el doping positivo de Raúl Rodrigo Lara y Paulo César Chávez, así como la derrota en semifinales con Brasil y la consecución del tercer lugar ante Uruguay en el Estadio Defensores del Chaco en Asunción.
Hoy, ocho años después, aquí vamos otra vez, dispuestos a renovar la ilusión. Dejamos atrás al club de nuestros afectos y nos subimos al avión de la Selección Nacional. Tenemos ante nosotros un verano que supondrá el examen anual para Hugo Sánchez, un mes que promete el título de la Copa de Oro y la esperanza de por fin ganar un torneo que nos ha resultado huidizo: la Copa América. Nadie puede garantizarnos que al final, cantaremos victoria, pero como te dije al inicio: ¿Qué importa?
Después de cien ediciones, tu y yo nos hemos llenado los ojos con mucho Futbol Total, sin embargo, aquí seguimos, igual que el primer día, dispuestos a seguir viajando por la selva del juego en busca de emociones que nos hagan sentirnos vivos y felices; listos para renovar la ilusión cada domingo, cada mes, porque así como cuando éramos niños esperábamos con ansia junio para salir de clases y lanzarnos a vivir las aventuras de nuestra vida, hoy tenemos enfrente otro verano para soñar con goles hermosos y victorias imposibles. Así de maravillosa es la naturaleza de este juego.
Comentario MedioTiempo: kaka
February 7, 2008 on 1:50 pm | In figuras, futbol | No Comments
Los hinchas del poderoso Milan, el siete veces campeon de Europa, presumen traer “il diavolo in corpo”. Muestran, siempre, desafiantes en la tribuna una gigantesca manta donde se puede leer que pertenecen al “Il Regno del diavolo” (Reino del Diablo)”. Su mascota es un diablillo regordete al que llaman “Milanello” y amedrentan a sus rivales llamando a su estadio “la fosa de los leones”. Pero Kaká, su futbolista más brillante, su ídolo más tierno, el ganador del Balón de Oro 2007 como mejor jugador del mundo, piensa, siente y vive de otra manera…
Kaká es un crack atípico. Alejado de los excesos que supone la vida del futbolista profesional: fiestas, mujeres, alcohol y escándalos, Kaká, creyente de la Iglesia Evangélica, trata todos los días de evitar las “tentaciones”. Aficionado a la lectura, al arte, al cine y al teatro, asegura que sus compañeros le miran a veces con perplejidad, como si fuera un poco raro. Dice que desde que llegó a Italia, nunca ha ido a una discoteca, sólo a las fiestas del Milan, y siempre con su mujer.
Además Kaka, quien el proximo 17 de diciembre en Zurich, Suiza debe redondear el año ganando el trofeo FIFA World Placer como mejor futbolista del año, asegura que su felicidad, su serenidad no dependen de un premio”, asi piensa el dulce, armónico y equilibrado Kaká; el mágico, electrizante y sorpresivo Kaká; el ilustrado, sensible y artístico Kaká; el piadoso, creyente, y virtuoso Kaká; el “Embajador contra el hambre”, el talento del Brasil blanco, el consciente, el mesurado, el centrado Kaká; el bello ragazzo que cautivó a Giorgio Armani, el consentido de Berlusconi, el claro sucesor –entonces- de Maldini como el rostro hermoso del Milan: Kaká, quien ademas declaro que al terminar su carrera le gustaria convertirse en pastor evangelico, es el único jugador del Milan que no trae “el diablo en el cuerpo”, porque a él, al fantástico Kaká, al mejor jugador del mundo en el 2007, lo mueve otra fuerza, otro ser.
¡Qué manera de sufrir!
February 7, 2008 on 11:44 am | In FUTBOL TOTAL, Notas y Editoriales | No Comments
El Atlético de Madrid es un veterano del sufrimiento. Pocos equipos grandes en el mundo han tenido una existencia tan delirante como la de los “colchoneros”. Si el terrible síndrome bipolar que aqueja a algunos humanos pudiera presentarse en un club de futbol, el “Atleti” sería un ejemplo recurrente. Esa tendencia a los extremos, a la euforia y la agonía, son la marca de su gente, su historia y su destino. Por eso, dicen que ser del Atlético de Madrid “no es fácil de explicar, pero que es algo, muy, muy grande”.
Me han dicho ellos, los “atléticos”, ahí, sobre la melancólica ribera del Manzanares, que en su corazón hay “razones que las razón no entiende” y que por eso aguantan todo, los largos años de desdichas y los contados momentos de gloria. Y me han confesado también, a mí, que tengo el corazón blanco, que ellos siguen ahí, a pesar de lo difícil que ha sido su existencia: “por historia…por tradición…por orgullo…porque somos diferentes…porque tras caer siempre nos levantamos…porque sólo nosotros podemos entendernos…porque sabes que los demás jamás sentirán algo así…POR COJONES…Atlético de Madrid.”
Y yo siempre los escucho atento, como si todo aquello tuviera en el fondo algo poético, algo tristemente hermoso. Y me dicen los aficionados rojiblancos que “para entender lo que pasa, / Hay que haber llorado dentro, / del Calderón, que es mi casa… / O del Metropolitano, / donde lloraba mi abuelo, / con mi papá de la mano /, tal y como escribió el irredimible “colchonero” Joaquín Sabina.
Y yo les juro que trato de imaginar todo aquello y ponerme en su lugar. E intento proyectar que sería de mí como hincha, si en lugar de haber crecido contento y ganando como me ocurrió siguiendo al Real Madrid, lo hubiera hecho siempre al borde del susto como ocurrió con ellos, los del “Atleti”. Y por eso los respeto mucho, y algunos me parecen entrañables; porque no lloriquean por todo como los del Barca; porque soportan lo indecible y llevan su raza con orgullo; porque se han soplado lo peor y no desisten, porque su bandera es la resistencia, porque ya demostraron que son capaces de ir hasta el fin del mundo, y regresar con ganas de seguir soñando.
Respeto a los “atléticos” porque cada domingo antes de ir rumbo al estadio, se cuentan, como si fueran toreros, las heridas que tienen en el cuerpo, se untan un extraño ungüento rojiblanco, y salen de casa, como si fuera la primera vez, como si no hubieran perdido nunca, dispuestos soñar. Porque las victorias, igual que “la primavera” les han durado un segundo, un título de liga en treinta años; porque rehuyen las modas, porque son “adictos al veneno del balón envenenado” y hasta los quiero un poco porque su uniforme era igual que el mío cuando era pequeño.
Respeto al Atlético porque un día escuché a Don Agustín de la Fuente Quintana, socio No.1 del club, contar que: “a los 63 años me quité el tabaco…no fue fácil, pero lo conseguí. Cuando cumplí setenta dejé el anís. Con fuerza de voluntad me quité hasta el vinito de las comidas; y he conseguido superar la sal, el café, las apuestas y las cartas….Pero al puñetero Atléti…mmmhhh!…Me mata…me da la vida.”
Respeto al Atlético porque sé que hay abuelos, padres e hijos que siempre estuvieron orgullosos de ser lo que son. Y los respeto porque lo que se gana con esfuerzo es mucho más valioso; porque no siempre hay que escoger el camino más fácil, porque a los hinchas “colchoneros” nadie nunca les va a regalar nada, y porque justamente por eso son grandes. Y los admiro porque a veces no sé de dónde sacan fuerzas para seguir, y para transmitirle ese sentimiento a sus hijos.
Rindo tributo al Atlético porque, como merengue, los extrañé cuando se pasaron aquel “añito en el infierno”, metidos en la alcantarilla de la segunda división; y nunca dejaré de admirarlos y de contar y recontar sus historias de pasión porque como dice su himno del Centenario: “¡Qué manera de aguantar!, / ¡Qué manera de crecer!, / ¡Qué manera de sentir!, / ¡Qué manera de soñar!, / ¡Qué manera de aprender!, / ¡Qué manera de sufrir!, / ¡Qué manera de palmar!, / ¡Qué manera de vencer!, / ¡Qué manera de vivir! / ¡Qué manera de subir y bajar de las nubes, / ¡Que viva el “Atleti” de Madrid…!/ Con dinero y sin dinero, / somos los primeros / ¡Que viva mi “Atleti” de Madrid! / Qué manera de viajar a la gloria gritando, / ¡Que viva mi “Atleti” de Madrid! /.
Y ahora, después de tantos años de ser blanco, ya hasta los quiero un poco y soy el primero en afirmar que nuestro “Vasco” Aguirre no podría haber llegado a mejor club que éste; porque en el fondo, él es igual a ellos, a todos los atléticos; es un luchador, un admirable “cabeza dura”, un tipo apasionado por las mismas cosas desde hace tanto tiempo. Y por eso, cada domingo estoy al pendiente de lo que les pasa, siempre les deseo lo mejor y hasta me alegro cuando ganan. Mientras ellos, los “colchoneros”, siguen ahí, igual que yo en este momento, escuchando a Sabina, imaginando un montón de historias, aguantando, sufriendo, palmando, soñando con el día que ganen el partido “más hermoso del mundo.”
*publicado originalmente en Futbol Total
“Un añito en el infierno”: Una columna imposible
February 7, 2008 on 11:05 am | In FUTBOL TOTAL, Notas y Editoriales, futbol | No Comments
Un mazazo, una verdadera pena, una realidad dolorosa pero inamovible: el América está en Primera “A”. Tal y como lo ustedes lo leen. Aunque yo siempre he preferido llamar a las cosas por su nombre, y en este caso se llama “Segunda”, con todas sus letras, S-E-G-U-N-D-A, una división ingrata, sin brillo, con campos estrechos y recompensas menores.
Aún hoy, cuando ya no hay salvación posible, me cuesta trabajo asimilar la idea. El gran América, autor de algunas de las páginas más brillantes en la historia del futbol mexicano, consumó en el Estadio Jalisco su naufragio. Y para que la tragedia resultara aun más cruda y traumática, fue el Guadalajara el que firmó su descenso, el autor del tiro de gracia.
Es irremediable. Estamos ante el día de la bestia. Somos testigos del verdadero Apocalipsis del americanismo. En un sólo año nos cargamos a tres entrenadores y terminó dirigiendo Lapuente. Y aun así capitulamos. A veces pienso que estábamos condenados por el destino y por más esfuerzos que hiciéramos este desenlace ya estaba escrito.
Es una lástima. Un equipo con solera, con prestigio, que lo ha vivido todo: éxitos, alegrías, decepciones, fracasos, títulos… Es ahora cuando me viene todo su contraste a la cabeza… Lo que parecía imposible, el descenso, ya es un hecho que los americanistas tenemos que asumir, porque de esa pasta está hecho el fútbol, de gloria y tragedia. Y no podremos olvidar que bajar a Segunda División es una penitencia, un castigo por los errores cometidos, por nuestra inseparable soberbia.
-ALTO!
Aquí pongo freno a este perverso ejercicio de mi imaginación, aunque confieso que escribir esta columna imposible ya me estaba pareciendo divertido. Dejo la ficción y vuelvo a la realidad. Por fortuna ni soy americanista, ni el América ha perdido la categoría, porque para eso tenemos el “porcentaje”, ese sistemita que importamos de Argentina para proteger a los equipos grandes, por lo que algo como esto jamás ocurrirá. Ni lo piensen. Y si por alguna extraña razón, acaso una catástrofe natural, semejante siniestro pudiera suscitarse, siempre existirá el último recurso: algún árbitro que de últimas resuelva el problema.
-Uff! ¡Qué alivio! O qué? ¿No me creen? A poco ya no se acuerdan de aquella temporada, no hace mucho, en que iba a descender el…No, no el América, era otro. Sí, los salvó aquel árbitro que de repente dejó de pitar. -Hombre! Créanme, que se los digo yo!
Pero como está previsto, esta temporada no es el América, ni las Chivas, tampoco Cruz Azul, y a estas alturas, ya ni siquiera los Pumas que gracias al sistema han tenido tiempo suficiente, dos años para recomponer la situación, en lugar de haber descendido tras el espantoso Clausura 2005, cuando perdieron 11 juegos, sino Santos Laguna, un equipo que cayó en las manos equivocadas antes de que la Cervecería lo recuperara para iniciar un rescate millonario y desesperado. Además ahí está el pequeño Querétaro, el recién ascendido, el desprotegido, el que no tiene una gran empresa detrás, y el San Luis, que si la tiene, pero que hace todavía poco que llegó al máximo circuito.
Si el futbol premia como Campeón al mejor equipo de cada temporada y no al más productivo de los últimos tres años, tendría también que operar bajo la misma lógica el descenso, ese drama que vuelve insoportable la vida del futbolista, que lacera su autoestima, que lo hace vivir una situación límite cada fin de semana bajo los nubarrones de una angustia permanente.
Entramos al último mes de la temporada. Y mientras los jugadores de Santos, Querétaro y San Luis cargan con los errores que cometieron otros, yo me quedo aquí, imaginando un torneo sin “porcentaje” e inventando, con mi retorcida y rojiblanca imaginación, más escenarios… ¿Qué les parecería ahora un descenso de Cruz Azul…? Luego les cuento a que me sabe.
* publicado originalmente en Futbol Total
Copa Libertadores de América 2007
February 7, 2008 on 11:00 am | In FUTBOL TOTAL, Notas y Editoriales, futbol | No Comments
Aquella noche impasible en Brasil tragué saliva. Nunca había sentido algo así en un estadio, y miren que he visitado canchas en cuatro de los cinco continentes, pero esa fue la primera vez que pasé verdadero miedo. Desde que llegué a Sao Paulo sabía que el asunto venía mal parido. Por cuestiones de visa, había perdido el vuelo de ida, y llegué con sólo diez horas de anticipo para el Santos FC-Cruz Azul por el pase a las semifinales de la Copa Libertadores de América.
Además de ser el lugar donde Pelé fundó su mito, Santos es un puerto pobre a unos 120 kilómetros de Sao Paulo donde, gracias a la leyenda de O`Rei, se mantiene en pie el vetusto Estadio Urbano Caldeira, un escenario decrépito que data de 1916. Esa noche no sólo debía cubrir el partido para TV Azteca sino que haría la transmisión para Radio Monitor. Recuerdo que el ambiente estaba bien caliente contra La Máquina y en las calles podía sentirse la animadversión contra todo lo que fuera mexicano. Ante tales condiciones, evité ponerme la chamarra de TV Azteca para disfrazar -en lo posible- mi condición de visitante. El barrio estaba atestado de policías y el arribo del autobús de Cruz Azul ocurrió en medio un clima de insultos, sirenas, amenazas, ladridos de perros, petardos y altavoces.
Una vez ahí, ingresar al recinto me resultó una pesadilla. No hubo revisión de acreditaciones ni retenes de policía, por lo que asumí que nadie podía garantizar nuestra seguridad. Llegar al palco de transmisión fue un infierno. Nadie supo indicarme el camino, di varias vueltas, y tuve que cruzar de lado a lado entre el graderío, abriéndome paso entre la turba de hinchas del “Peixe”, la gran mayoría negros y mulatos de clase obrera, gente enardecida, descamisada, alcoholizada, además de que los cuerpos de seguridad me trataban como si fuera un barra-brava.
Cuando por fin llegué al palco, la cabina que me correspondía había sido usurpada por una estación de radio local y después de una discusión que terminó casi a golpes, tuve que acomodarme en otro espacio. Lejos de encontrar una conexión telefónica para enviar la señal a México, hallé una maraña de cables pelones. Sólo porque Dios es grande, pude hacer el enlace, y justo al momento del silbatazo, pudimos entrar al aire. Como bien recuerdan, Cruz Azul fue eliminado, y eso nos permitió salir vivos de aquel escenario dantesco.
Aquella noche comprendí porque la Copa Libertadores de América es el torneo más complicado y azaroso del mundo. Ninguna otra competencia resulta tan áspera y agotadora. La dificultad no radica primordialmente en el nivel del futbol, sino en lo espinoso y cambiante del entorno. Una noche tienes que jugar en la Bombonera de Buenos Aires, ante los hinchas más intimidantes del mundo. A la semana siguiente tus pulmones sufren al jalar aire a 3600 metros de altitud en el Estadio Hernando Siles de La Paz, Bolivia. Otro día, te metes a jugar a la húmeda selva colombiana donde tus piernas se funden, o a un estadio que se cae a pedazos en Ciudad del Este, Paraguay, donde a nadie le importa que te “acuchille” un árbitro. Por si fuera poco, alguna semana de mayo se te empalman partidos de Copa y de Liguilla y tienes que partirte en dos para sobrevivir.
Lo único parejo es que las condiciones son las mismas para todos, excepto para los mexicanos que reciben siempre un trato “especial” de parte de Conmebol. De la misma forma, tus rivales tendrán que viajar diez horas para jugar en Toluca o sufrir el peso del Estadio Azteca. Tendrán que enfrentar a jugadores muy bien pagados, planteles reforzados, y equipos que operan en condiciones de primer mundo.
Para esta Copa Libertadores 2007 apuesto por la incombustible competitividad del Toluca, el vasto conocimiento del entorno de Américo Gallego, así como la frescura atacante del Necaxa y la meticulosidad de José Luis Trejo. A ambos los veo, al menos, en cuartos de final. ¿Y el América? Lamento decirles que hay cuestiones que no se negocian en la vida, y aquello de que hay que apoyar al América porque es un club mexicano, no me lo tragaré nunca. Afortunadamente, por algo existe el Guadalajara.
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